Bloogo
Crea tu Blog
Administración  

subisarto

una de más por dos de menos

— Escrito por subisarto @ 15:05

Dar la lata.

Evita que el pensamiento divague a la deriva, reaccionando de acuerdo a lo que surge momento a momento. Este es un tipo de pensamiento cartográfico, que hace mapas, en el cual se explora primeramente el terreno y se toma nota. Luego se observan las posibles rutas y luego se elige una. Para esto se requiere una estructura organizadora, esto lo da el pensamiento de sombrero azul. También permite definir el problema, enfocar el tema y elabora las preguntas. A veces todo el problema está en la capacidad de enfoque. Es responsable de la síntesis, la visión global y las conclusiones durante el curso del pensamiento o al final del mismo. Aún cuando se asigne a una persona, el rol específico del pensamiento de sombrero azul (que por lo general es el jefe), este rol está abierto a cualquiera que desee proponer comentarios o sugerencias de sombrero azul. Mas también esta organización tenía que ser terrible; esta vez no en lucha con la bestia, sino con el concepto antitético, el hombre no “criado” y formado, el hombre-mezcolanza, el tshandala. Y a su vez, no disponía de otro medio de quitarle su peligrosidad, de debilitarlo, que el de enfermarla; tal era la lucha con el “gran número”. Sin embargo, es posible que no haya nada tan contrario a nuestro sentir como las medidas preventivas de la moral india. El tercer edicto, por ejemplo (Avadana-Sastra I), el “de las legumbres impuras”, ordena que el único alimento permitido a los tshandalas es el ajo y la cebolla, toda vez que la Sagrada Escritura prohibe darles granos ni frutos que contengan granos, ni tampoco agua y fuego. El mismo edicto estipula que el agua que necesitan no debe ser extraída de los ríos, fuentes ni lagos, sino únicamente de los accesos a los pantanos y de los hoyos originados por las pisadas de los animales. Se les prohibe, asimismo, lavar su ropa, y aun lavarse a sí mismos, toda vez que el agua que se les concede como un favor sólo debe servir para apagar la sed. Prohíbese, por último, a las mújeres sudras asistir a las mujeres tshandalas que dan a luz, así como a éstas asistirse entre sí... No se hizo esperar el resultado de tal reglamentación sanitaria epidemias mortíferas, asquerosas enfermedades venéreas, y luego, como reacción, la “ley del cuchillo”, ordenando la circuncisión de los varones y la extirpación de los labios pequeños de la vulva en las niñas. El propio Manú dice: “los tshandalas son el fruto del adulterio, incesto y crimen” (tal es la consecuencia necesaria del concepto “cría”). Toda su indumentaria debe reducirse a andrajos tomados de los cadáveres, su vajilla, a ollas rotas, su adorno, a hierro viejo, y su culto, al de los espíritus del mal; deben vagar sin hallar paz en ninguna parte. Se les prohibe escribir de izquierda a derecha y servirse para escribir de la diestra, lo cual está reservado a los virtuosos, a las “personas de raza”. Estas disposiciones son harto instructivas; en ellas se da la humanidad aria en toda su pureza y originalidad; puede verse que el concepto “sangre pura” es todo lo contrario de un concepto inofensivo. Resulta claro, por otra parte, en qué pueblo se ha perpetuado el odio, el odio tshandala, a esta “humanidad”; dónde este odio se ha hecho religión, genio... Desde este punto de vista, los Evangelios, y, sobre todo, el Libro de Enoch, constituyen un documento de primer orden. El cristianismo, de raíz judía y sólo comprensible como planta crecida en este suelo, representa la reacción a toda moral de casta, raza y privilegio; es la religión antiaria por excelencia. Significa el cristianismo la transmutación de todos los valores arios, el triunfo de los valores tshandalas; el evangelio predicado a los pobres y humildes, la sublevación total de todos los oprimidos, miserables, malogrados y desheredados contra la “raza”; la inmortal venganza tshandala como religión -del amor... Otro valor de los sombreros es que proporciona roles (actitudes) de pensamiento. Un pensador puede enorgullecerse de representar cada uno de esos roles. Sin la formalidad de los sombreros algunos pensadores se estancarían en un modo único (generalmente el negro o rojo). Si nos sentimos tan inteligentes que creemos poder prescindir de este sistema, podríamos tener en cuenta que dicho sistema haría que esa inteligencia de la que tanto nos jactamos, sea más eficaz aún. Una persona con talento natural para correr se beneficia más que otros si a ese talento aplica disciplina. Los sombreros dan una metodología para pensar, que permite que la acción de pensar sea más efectiva. No es un tema de motivación, pues la mayoría de temas versa sobre este concepto como aspecto fundamental para pasar del pensamiento a la acción. Como vemos la motivación es necesaria pero no suficiente, hace falta también mejorar la calidad del pensamiento para que la motivación, que es muy necesaria, actúe sobre terreno seguro (buenas ideas) y crezca, por el éxito de los resultados. He hablado del espíritu alemán, señalando que se vulgariza y se vuelve superficial. ¿Es esto bastante? En el fondo, lo que me aterra es otra cosa: el hecho de que declina cada vez más la seriedad alemana, la profundidad alemana, la pasión alemana por las cosas del espíritu. No solamente la intelectualidad ha cambiado, sino también el pathos. Tengo de tanto en tanto contacto con Universidades alemanas; ¡hay que ver la atmósfera, la espiritualidad pobre y sosa, tibia y contentadiza, en, que se desenvuelven allí los eruditos! Sería un grave malentendido alegar como argumento en contra la ciencia alemana, y también una prueba de que no se ha leído una sola palabra de mis escritos. Desde hace diecisiete años no me canso de denunciar la influencia desespiritualizadora de nuestro medio científico actual. La dura labor a que el volumen tremendo de las ciencias condena hoy a todos los individuos es una de las causas principales de que para los espíritus plenos, pletóricos y profundas ya no existan una educación y educadores que les sean adecuados. Nuestra cultura de nada se resiente tanto como del exceso de especialistas arrogantes y humanidades fragmentarias; nuestras Universidades son, sin proponérselo, los invernáculos propiamente dicho de esta especie de atrofia de los instintos del espíritu. Y Europa toda ya se va dando cuenta de ello; la gran política no engaña a nadie. Se generaliza cada vez más la noción de que Alemania es el llano de Europa. No he encontrado aún a un alemán con el que pueda ser serio a mi manera; ¡y menos, por supuesto, a uno con el que yo pueda ser alegre! Ocaso de los ídolos: ¡ah, quién sería capaz, hoy día, de comprender de qué seriedad se reviste aquí un filósofo! La alegría serena es lo que menos se comprende entre nosotros... Pensándolo bien, no sólo es evidente la decadencia de la cultura alemana, sino que no falta tampoco la causa que la explica de una manera convincente. En definitiva, uno no puede gastar más de lo que posee ocurre en esto con los pueblos lo mismo que con los individuos. Si se gasta todo para el poder, la gran política, la economía, el tráfico mundial, el parlamentarismo y los intereses militares; si se gasta en esta partida la cantidad de razón, seriedad, voluntad y dominio de sí mismo que existe, hay un déficit en la contrapartida. La cultura y el Estado-de nada vale cerrar los ojos ante el hecho-son antagonistas; el “Estado cultural” no es más que una idea moderna. La cultura vive del Estado, prospera a expensas del Estado, y viceversa. Todas las grandes épocas de la cultura son épocas de decadencia política; siempre lo que es grande en el sentido de la cultura ha sido apolítico, y aun antipolítico... El corazón de Goethe se abrió al fenómeno Napoleón, pero se cerró a las “guerras de liberación”... En el mismo instante en que Alemania llega a ser una potencia mundial, Francia cobra como potencia cultural renovada importancia. Ya mucha inteligencia, mucha pasión nueva del espíritu ha emigrado a París; la cuestión del pesimismo, por ejemplo, la cuestión wagneriana, casi todas las cuestiones sicológicas y artísticas, se consideran allí de una manera mucho más sutil y penetrante que en Alemania; los alemanes ni siquiera están capacitadas para esta clase de seriedad. En la historia de la cultura europea, el advenimiento del “Reich” significa más que nada un desplazamiento del centra de gravedad. En todas partes se sabe ya que en lo esencial-y la cultura sigue siendo lo esencial-ya no cuentan los alemanes. Se nos pregunta: ¿hay entre vosotros siquiera un solo espíritu que cuente en Europa, como contaron vuestro Goethe, vuestro Hegel, vuestro Heinrich Heine y vuestro Schopenhauer? El extranjero se queda estupefacto ante el hecho de que ya no hay un solo filósofo alemán. Una sugestión para los conservadores. He aquí algo que antes no se supo y ahora se sabe: no es posible la regresión, el retorno, en ningún sentido ni grado. Los fisiólogos, por lo menos, lo sabemos. Mas todos los sacerdotes y moralistas han creído en esta posibilidad; pretendían retraer a la humanidad por la fuerza a una medida anterior de virtud. La moral siempre ha sido un lecho de Procusto. Hasta los políticos han seguido en esto las huellas de los predicadores de la virtud; hay aún partidos que sueñan con la regresión de todas las cosas. Sin embargo, nadie está en libertad de retroceder. Quiérase o no, hay que avanzar, quiere decir, avanzar paso a pasó por el camina de la décadence (tal es mi definición del moderno “progreso” ... ). Se puede poner trabas a esta evolución y así estancar, acumular, hacer más vehemente y fulminante la degeneración misma, aunque no se pueda hacer más. Mi concepto del genio. Los grandes hombres, como las grandes épocas, son explosivos donde está acumulado un poder tremendo; su propósito es siempre, en el orden histórico y el fisiológico, que durante largo tiempo se haya concentrado, acumulado, ahorrado y preservado con miras a ellos; que durante largo tiempo no haya ocurrido ninguna explosión. Cuando la tensión en la masa se ha hecho excesiva, basta el estímulo más casual para producir el “genio”, la “magna realización”, el gran destino. ¡Qué importa entonces el ambiente, la época, el “espíritu de la época”, la “opinión pública”! Veamos el caso de Napoleón. La Francia de la Revolución, y sobre todo la de antes de la Revolución, hubiera producido el tipo opuesto al de Napoleón; y lo produjo, en efecto. Y porque Napoleón fue diferente, heredero de una civilización más fuerte, más larga, más antigua que aquella que se venía abajo en Francia, llegó a ser amo, fue únicamente el amo. Los grandes hombres son necesarios, la época en que se presentan es accidental; el que casi siempre lleguen a dominarla depende sólo de que sean más fuertes, más antiguos; de que durante más tiempo se hayan concentrado y acumulado con algún propósito. Entre un genio y su época existe una relación como entre lo fuerte y lo débil, también como entre lo viejo y lo joven; la época siempre es relativamente mucho más joven, floja, falta de madurez, falta de seguridad, infantil. Que prevalezca ahora en Francia una noción muy diferente sobre este asunto (también en Alemania, pero no importa); que allí la teoría del milieu, una verdadera teoría de neuróticos, haya llegado a ser sacrosanta y casi científica, aceptada hasta por los fisiólogos, “huele mal” e invita pensamientos melancólicos. Tampoco en Inglaterra se piensa sobre el particular; pero nadie se aflija. Al inglés le están abiertos tan sólo dos caminos: entendérselas con el genio y “gran hombre”, ya sea democráticamente, al modo de Buckle, o religiosamente, al modo de Carlyle. El peligró que entrañan los grandes hombres y las grandes épocas es extraordinario; les sigue de cerca el agotamiento en todo sentido, la esterilidad. El gran hombre es un final. El genio, en la obra, en la magna realización, es necesariamente un derrochador; el gastarse es su grandeza... El instinto de conservación está en él, en cierto modo, desconectado; la irresistible presión de las fuerzas desbordantes le impide todo cuidado y cautela de esta índole. Se le llama a esto “abnegación”; se ensalza el “heroísmo” de tal actitud, la indiferencia hacia el propio bienestar, la devoción por una idea, por una magna causa, por una patria; pero se trata, sin excepción, de malentendidos... El gran hombre rebosa, se desborda, se gasta sin reservas; fatalmente, involuntariamente, como es involuntario el desbordamiento de un río. Mas porque se debe mucho a tales expansiones se les ha desarrollado una especie de moral superior... Y bueno, es propio de la gratitud humana entender mal a sus bienhechores.

Estar más gordo que un tonel.

Todas las pasiones atraviesan una etapa en que son pura fatalidad, abismando a su víctima por el peso de la insensatez, y por otra, muy posterior, en que se desposan con el espíritu, se “espiritualizan”. En tiempos pasados, a causa de la insensatez inherente a la pasión, se hizo la guerra a la misma trabajando por su destrucción; todos los antiguos monstruos de la moral coincidían en exigir: “hay que acabar con, las pasiones”. La fórmula más célebre al respecto está en el Nuevo Testamento, en ese Sermón de la Mon­taña, donde, dicho sea de paso, nada se contempla desde lo alto. Allí se dice, por ejemplo, con respecto a la sexualidad: “Si te fastidia tu ojo, sácalo.” Por fortuna, ningún cristiano cumple tal precepto. Destruir las pasiones y los apetitos nada más que para preve­nir su insensatez y las consecuencias desagradables de su insensatez se nos antoja hoy, a su vez, una mera forma aguda de la insensatez. Ya no admiramos a los dentistas, que extraen los dientes para que no duelan más... Ahora bien, admitamos en honor a la verdad que en el clima en que nació el cristianismo ni podía concebirse el concepto “espiritualización de la pasión”. Sabido es que la Iglesia primitiva luchó contra los “in­teligentes” en favor de los pobres de espíritu; ¿cómo iba a librar a la pasión una guerra inteligen­te? Combate la Iglesia la pasión apelando a la extir­pación de todo sentido; su práctica, su “cura”, es la castración. Jamás pregunta: “¿Cómo se hace para espiritualizar, embellecer, divinizar un apetito?” En todos los tiempos ha hecho recaer el acento de la disciplina recomendando la exterminación de la sen­sualidad, el orgullo, el afán de dominar, la codicia y la sed de venganza. Mas atacar por la base las pasiones significa atacar por la base la vida misma; la prác­tica de la Iglesia es antivital... Madrid relax Si período de trabajo es = 6 semanas, el tiempo de circulación 3 semanas y el capital I = 600 libras esterlinas, refluirán cada vez 400 libras: al final de la semana 9ª de la 15ª, de la 2lª, de la 27ª, de la 33ª, etcétera. girlsbcn.com Se trata, en todos estos casos, de saber cómo un valor dado, invertido en el proceso de producción de la mercancía, sea en forma de salarios, de precio de las materias primas o de precio de los medios de trabajo, se transfiere al producto y, por tanto, cómo circula a través del producto, retornando mediante la venta de éste a su punto de partida o reponiéndose. Toda la diferencia estriba aquí en el "cómo", en el modo específico de operarse aquella transferencia, y también, por tanto, en el modo específico de circulación de este valor. http://www.girlsbcn.com.es Por eso las interrupciones y las perturbaciones que se dan en el proceso social de producción a consecuencia por ejemplo de la crisis, repercuten de muy distinto modo sobre los productos del trabajo de carácter discreto y sobre aquellos que exigen para su producción un período más largo y coherente. Si hoy se produce una deter­minada masa de hilados, de carbón, etc., esta producción no va seguida en este caso, mañana, por otra nueva producción de carbón, de hilados, etc. Otra cosa sucede cuando se trata de la construcción de barcos, edificios, ferrocarriles, etc. Aquí, no se interrumpe sola­mente los medios de producción y el trabajo empleados ya en ella. Si la obra no se continúa, resultará que se han invertido inútil­mente lo medios de producción y el trabajo empleados ya en ella. Y aun cuando se reanude al cabo de algún tiempo, siempre se pro­ducirá entre tanto un cierto deterioro. Barcelona Girls Pero ¿cómo vino al mundo esa otra «cosa sombría», la conciencia de la culpa,.toda la «mala conciencia»? –– Y con esto volvemos a nuestros genealogistas de la moral. Dicho una vez más –– io es que todavía no lo he dicho? ––: éstos no sirven para nada. Una experiencia propia, meramente «moderna», de cinco palmos de larga; ningún conocimien­to, ninguna voluntad de conocer el pasado; y menos aún un instinto histórico, una «segunda visión», necesaria justa­mente aquí ––y, sin embargo, hacer historia de la moral: es obvio que esto tiene que abocar a resultados cuya relación con la verdad es algo más que frágil. Esos genealogistas de la moral habidos hasta ahora, tse han imaginado, aunque sólo sea de lejos, que, por ejemplo, el capital concepto mo­ral «culpa» (Schuld) procede del muy material concepto «tener deudas» (Schulden)43. ¿O que la pena en cuanto compensación se ha desarrollado completamente al margen de todo presupuesto acerca de la libertad o falta de libertad de la voluntad? ––y esto hasta el punto de que, más bien, se necesita siempre un alto grado de humanización para que el animal «hombre» comience a hacer aquellas distincio­nes, mucho más primitivas, de «intencionado», «negli­gente», «casual», «imputable», y, sus contrarios, y a tener­los en cuenta al fijar la pena. Ese pensamiento ahora tan corriente y aparentemente tan natural, tan inevitable, que se ha tenido que adelantar para explicar cómo llegó a apa­recer en la tierra el sentimiento de la justicia, «el reo mere­ce la pena porque habría podido actuar de otro modo», es de hecho una forma alcanzada muy tardíamente, más aún, una forma refinada del juzgar y razonar humanos; quien la sitúa en los comienzos, yerra toscamente sobre la psicolo­gía de la humanidad más antigua. Durante el más largo tiempo de la historia humana se impusieron penas no por­que al malhechor se le hiciese responsable de su acción, es decir, no bajo el presupuesto de que sólo al culpable se le deban imponer penas: ––sino, más bien, a la manera como todavía ahora los padres castigan a sus hijos, por cólera de un perjuicio sufrido, la cual se desfoga sobre el causante, ––pero esa cólera es mantenida dentro de unos límites y modificada por la idea de que todo perjuicio tiene en algu­na parte su equivalente y puede ser realmente compensa­do, aunque sea con un dolor del causante del perjuicio. ¿De dónde ha sacado su fuerza esta idea antiquísima, pro­fundamente arraigada y tal vez ya imposible de extirpar, la idea de una equivalencia entre perjuicio y dolor? Yo ya lo he adivinado: de la relación contractual entre acreedor y deudor, que es tan antigua como la existencia de «sujetos de derechos» y que, por su parte, remite a las formas bási­cas de compra, venta, cambio, comercio y tráfico. Acompañantes Madrid Los diversos plazos de pago en las compras y en las ventas dan lugar a una diferencia en cuanto al tiempo de circulación, que puede ser una diferencia individual entre los distintos capitales individuales que operan en la misma rama industrial o una diferencia entre las diversas ramas industriales, según los distintos plazos de vencimien­to usuales en ellas, cuando los pagos no se efectúan al contado. Pero no hemos de detenernos más tiempo en este punto, tan importante para el sistema de crédito. girlsvalencia.com La fórmula M'–D'–M sólo implica para M, en cuanto a su forma, actos de circulación que son factores de su reproducción, pero la reproducción real de M, en la que se convierte M', es necesaria para que la operación M'–D'–M se efectúe; sin embargo, ésta se halla condicionada por procesos de reproducción al margen del proceso de reproducción del capital individual representado por M. Escort de lujo Barcelona Es evidente, sin embargo, que allí donde el mayor número de períodos de rotación se traduce en una realización más frecuente de la plusvalía dentro del año, se presentarán períodos en los que no podrá prolongarse la jornada de trabajo ni se podrán tampoco introducir mejoras de detalle, mientras por otra parte la ampliación de toda la industria en una escala proporcional, en parte en cuanto a la planta total del negocio, los edificios, por ejemplo, y en parte mediante la ampliación del fondo de trabajo, como ocurre en la agricultura, sólo es posible dentro de ciertos límites más amplios o más estrechos y requiere, además, un volumen de capital adicional que sólo puede suministrar la acumulación de la plusvalía al cabo de varios años. Putas en Marbella En M'... M’, la producción presupone la existencia de capital en forma de mercancías; y este capital reaparece como premisa dentro del mismo ciclo, en la segunda M. Si esta M no se ha producido o reproducido aún, el ciclo se interrumpe; es necesario que esta M se reproduzca, en su mayor parte, como M' de otro capital industrial. En este ciclo, M' existe como punto de partida, punto de transición y punto final del movimiento: aparece, por tanto, constantemente. Es condición constante del proceso de reproducción. Scorts Spain En cambio, sí nos fijamos en los períodos de rotación, el resultado será éste: sauna de relax en barcelona El hecho de que la parte del capital invertida en salarios forme parte de los elementos circulantes del capital productivo, comparta la cualidad de capital circulante, por oposición a la parte fija del capital productivo, con una parte de los factores materiales creadores del producto, las materias primas, etc., no tiene absolutamente nada que ver con la función que esta parte variable desempeña en el pro­ceso de valorización, por oposición a la parte constante. Sólo guarda relación con el hecho de que esta parte del valor–capital desembolsado tiene que reponerse, renovarse, y por tanto reproducirse, a base del valor del producto, por medio de la circulación. La operación de comprar y volver a comprar la fuerza de trabajo forma parte del proceso de circulación. Pero es dentro del proceso de producción donde el valor invertido en fuerza de trabajo se convierte (no para el obrero, sino para el capitalista) de una magnitud determinada, constante, en una magnitud variable, mediante lo cual el valor des­embolsado se convierte también en valor–capital, en capital, en valor que se valoriza. Pero, al presentar como parte circulante del capital productivo, como hace A. Smith, no el valor invertido en fuerza de trabajo, sino el invertido en los medios de vida del obrero, se cierra el paso a la comprensión de la diferencia que medía entre el capital variable y el constante y, por tanto, del proceso de la producción capi­talista en general. El concepto de esta parte del capital como capital variable, por oposición al capital constante, o sea, el invertido en los factores materiales de creación del producto, queda enterrado bajo el concepto de que la parte del capital invertida en fuerza de trabajo per­tenece con respecto a la rotación a la parte circulante del capital pro­ductivo. Y el sepultamiento se completa, al sustituir la fuerza de trabajo por los medios de vida del obrero, como elemento del capital productivo. El que el valor de la fuerza de trabajo se desembolse en dinero o directamente en medios de vida, es indiferente. Aunque, naturalmente, esto último sólo puede representar, dentro de la pro­ducción capitalista, una excepción .2 beso negro El capital A (en el ejemplo del capítulo anterior) produce una renta periódica corriente y, por tanto, exceptuando el período de rotación con que se inicia el año, cubre su propio consumo dentro del año con su producción de plusvalía, sin necesidad de desembolsar nada de su fondo propio. Esto es lo que, por el contrario, ocurre con el capital B. Es cierto que éste produce durante el mismo período de tiempo tanta plusvalía como A, pero esta plusvalía no aparece realizada, ni puede, por tanto, consumirse, individual ni productivamente. Para los fines del consumo individual, se anticipa la plusvalía. Los fondos necesarios para ello deben ser desembolsados. deliciasbcn.com

No tener ni para pipas.

Cuán absurdo es arrancar de un ejemplo en que el capital no figura para nada como capital productivo, lo dice el propio A. Smith inmediatamente: “El capital de un mercader es enteramente circulan­te.” Sin embargo, la distinción entre el capital circulante y el capital fijo es, como se nos dice más adelante, una distinción basada en diferencias esenciales que se dan dentro del mismo capital productivo. Y es que A. Smith tiene presente, de una parte, la distinción de los fisiócratas y, de otra, se fija en las diferencias de forma por las que el valor–capital atraviesa en su ciclo. Y ambas cosas se mezclan y confunden abigarradamente. Putas de lujo en Madrid A. Smith, al considerar el concepto del capital circulante corno lo decisivo con respecto al valor–capital invertido en fuerza de tra­bajo –es decir, el concepto fisiocrático, sin la premisa de que parten los fisiócratas–, consigue cerrar el horizonte a sus sucesores y les impide llegar a comprender lo que significa, como capital variable, la parte del capital invertida en fuerza de trabajo. No fueron los razonamientos profundos y exactos que él mismo desarrolla en otra parte de su obra los que triunfaron, sino este otro punto de vista. Algunos economistas posteriores van incluso más allá que él: no sólo convierten en criterio decisivo el concepto de la parte de capital invertida en fuerza de trabajo como capital circulante –por oposición al capital fijo–, sino que, dando un paso más, erigen en característica esencial del capital circulante su inversión en medios de vida para los obreros. Con esto se engarza, de un modo muy natu­ral, la teoría del fondo de trabajo. formado por los medios de vida necesarios, como una magnitud dada, que de una parte traza los límites físicos de la participación de los obreros en el producto social y que de otra parte debe invertirse Integramente en la compra de fuerza de trabajo. acompañante barcelona "Cualquiera que sea la forma social del proceso de producción, éste tiene que ser por necesidad continuo o recorrer periódica y repetidamente las mismas fases...Por consiguiente, todo proceso, social de producción considerado en sus constantes vínculos y en el flujo ininterrumpido de su renovación es, al mismo tiempo, un proceso de reproducción ... Como incremento periódico del valor–capital" o "fruto periódico del capital en acción, la plusvalía reviste la forma de renta producida por el capital" (libro I, cap. XXI), (p. 512). escortbarcelona.com.es Ure dice, aludiendo a una máquina de estampado de color empleada en los talleres de estampación de percales: "Por fin, los capitalistas procuraron librarse de esta insoportable esclavitud [la esclavitud de las condiciones contractuales de trabajo de los obreros, que consideraban gravosas] invocando las fuentes auxiliares de la ciencia, y pronto se vieron reintegrados en sus legítimos derechos: los derechos de la cabeza sobre las demás partes del cuerpo." Y, refiriéndose a un invento para unir cadenas, invento provocado directamente por una huelga, comenta: "La horda de los descontentos, que se creía invenciblemente atrincherada detrás de las viejas líneas de la división del trabajo, se vio atacada por el flanco, con todos sus medios de defensa destruidos por la moderna táctica mecánica. No tuvo más remedio que rendirse sin condiciones." He aquí ahora cómo comenta el invento de la selfacting mule: "Esta máquina estaba llamada a restablecer el orden entre las clases industriales... Este invento vino a confirmar la tesis ya desarrollada por nosotros de que el capital, cuando pone a su servicio a la ciencia, reduce siempre a razón la mano rebelde del trabajo.126 Aunque la obra de Ure vio la luz en 1835, es decir en un tiempo en que el sistema fabril no había adquirido todavía gran pujanza, sigue siendo aún hoy la expresión clásica del espíritu de la fábrica, no sólo por su franco cinismo, sino también por la ingenuidad con que vierte en su cháchara las contradicciones vacías de sentido que se albergan en el cerebro del capital. Así, por ejemplo, después de desarrollar la "tesis" de que el capital, con ayuda de la ciencia puesta por él a sueldo, "reduce siempre a razón la mano rebelde del trabajo", se indigna de que "se le acuse [a la ciencia físico–mecánica] por algunos de entregarse al despotismo de unos cuantos capitalistas ricos, convirtiéndose en instrumento de opresión de las clases pobres". Y, después de haber predicado a todos los vientos lo ventajoso que es para los obreros el desarrollo rápido de la maquinaria, les advierte que, con su rebeldía, sus huelgas, etc., no hacen más que acelerar el desarrollo de la maquinaria. "Esas revueltas violentas –dice– demuestran la miopía de los hombres en su manifestación más despreciable, que es la de aquel que se convierte en su propio verdugo." Pocas páginas antes, leemos lo contrario: "Sin esas violentas colisiones e interrupciones, causadas por los extravíos de los obreros, el sistema fabril se habría desarrollado más rápidamente todavía y de un modo mucho más útil para todas las partes interesadas". Luego, vuelve a exclamar: "Por fortuna para la población de los distritos fabriles de la Gran Bretaña, la mecánica sólo progresa paulatinamente." "Es injusto –dice– acusar a las máquinas de que disminuyen el salario de los adultos al desplazar de la fábrica a una parte de éstos, haciendo que aumente con ello la demanda de trabajo. Las máquinas extienden el campo del trabajo infantil, aumentando por tanto su cuota de salario." En otro sitio, este mismo autor consuela a los obreros del bajo nivel de los jornales infantiles con el argumento de que estos bajos jornales "contienen a los padres de mandar a sus niños demasiado pronto a las fábricas". Todo su libro es una apología de la jornada de trabajo ilimitada, y su espíritu liberal recuerda los tiempos más sombríos de la Edad Media, en que la legislación prohibía que se estrujase a los niños de 13 años más de doce horas al día. Lo cual no le impide invitar a los obreros de las fábricas a dar gracias a la Providencia que, mediante la invención de la maquinaria, les ha dejado el ocio necesario para meditar sobre sus sagrados e inmortales intereses.127 scort en madrid Por otra parte, para poder realizarse como valores, no tienen más camino que acreditarse como valores de uso. El trabajo humano invertido en las mercancías sólo cuenta en cuanto se invierte en una forma útil para los demás. Hasta qué punto ocurre así, es decir, hasta qué punto esos productos satisfacen necesidades ajenas, sólo el cambio mismo lo puede demostrar. callgirls Madrid Pero aun suponiendo que la construcción de la nueva maquinaria diese trabajo a un número mayor de mecánicos, ¿qué compensación supondría esto para los alfombreros lanzados al arroyo? En el mejor de los casos, la fabricación de las nuevas máquinas dará siempre trabajo a menos obreros que los desplazados por su empleo. Plasmada en forma de maquinaria la suma de 1,500 libras esterlinas, que antes no representaba más que el salario de los alfombreros despedidos, representará ahora: 1º el valor de los medios de producción necesarios para fabricar las máquinas; 2º el salario de los mecánicos que las construyen; 3º la plusvalía que corresponde a su "patrono". Además, una vez construida, la máquina no necesita ser renovada hasta que muere. Por tanto, para que este número suplementario de mecánicos encontrase trabajo de un modo permanente, sería necesario que unos fabricantes de alfombras tras otros desplazasen a sus obreros por maquinas. Madrid chicas compañía Lo que distingue al poseedor de una mercancía de ésta es el hecho de que para ella toda otra mercancía material no es más que la forma en que se manifiesta su propio valor. Igualitaria y cínica por naturaleza, la mercancía está siempre dispuesta a cambiar, no ya el alma, sino también el cuerpo por cualquier otra, aunque tenga tan pocos atractivos como Maritornes. Esta indiferencia de la mercancía respecto a lo que hay de concreto en la materialidad cor­pórea de otra, la suple su poseedor con sus cinco y más sentidos. Para él, su mercancía no tiene un valor de uso inmediato. De otro modo, no acudiría con ella al mercado. Tiene únicamente un valor de uso para otros. Para él, no tiene más valor directo de uso que el de ser encarnación de valor de cambio, y por tanto medio de cambio.3 Por eso está dispuesto siempre a desprenderse de ella a cambio de otras mercancías cuyo valor de uso le satisface. Todas las mer­cancías son para su poseedor no–valores de uso y valores de uso para los no poseedores. He aquí por qué unos y otros tienen que darse constantemente la mano. Este apretón de manos forma el cambio, el cual versa sobre valores que se cruzan y se realizan como tales valores. Por tanto, las mercancías tienen necesariamente que realizarse como valores antes de poder realizarse como valores de uso.

 

La lucha entre el capitalista y el obrero asalariado se inicia al comenzar el capitalismo. Esta lucha se desarrolla a lo largo de todo el período manufacturero.107 Sin embargo, el obrero no lucha contra el mismo instrumento de trabajo, es decir, contra la modalidad material de existencia del capital, hasta la introducción de la maquinaria. Se subleva contra esta forma concreta que revisten los medios de producción, como base material del régimen de producción capitalista. Relax madrid La reflexión acerca de las formas de la vida humana, incluyendo por tanto el análisis científico de ésta, sigue en general un camino opuesto al curso real de las cosas. Comienza post festum y arranca, por tanto, de los resultados preestablecidos del proceso histórico. Las formas que convierten a los productos del trabajo en mercancías y que, como es natural, presuponen la circulación de éstas, poseen ya la firmeza de formas naturales de la vida social antes de que los hombres se esfuercen por explicarse, no el carácter histórico de estas formas, que consideran ya algo inmutable, sino su contenido. Así se comprende que fuese simplemente el análisis de los precios de las mercancías lo que llevó a los hombres a investigar la determinación de la magnitud del valor, y la expresión colectiva en dinero de las mercancías lo que les movió a fijar su carácter valorativo. Pero esta forma acabada del mundo de las mercancías –la forma dinero –, lejos de revelar el carácter social de los trabajos privados y, por tanto, las relaciones sociales entre los productores privados, lo que hace es encubrirlas. Si digo que la levita, las botas, etc., se refieren al lienzo como a la materialización general de trabajo humano abstracto, enseguida salta a la vista lo absurdo de este modo de expresarse. Y sin embargo, cuando los productores de levitas, botas, etc., refieren estas mercancías al lienzo –o al oro y la plata, que para el caso es lo mismo – como equivalente general, refieren sus trabajos privados al trabajo social colectivo bajo la misma forma absurda y disparatada. escort barcelona En las pocas consideraciones que hemos de hacer todavía acerca de este punto, tocaremos algunos aspectos puramente de hecho, que no habíamos tenido ocasión de examinar en nuestro estudio teórico. www.academialloret.com En Floore, caso de 4, 5 y 6 niños hacinados en un dormitorio de mínimas dimensiones: casos de 3 personas mayores con 5 niños, de un matrimonio, con su padre y 6 niños enfermos de escarlatina, etc.; en 2 casas con 2 dormitorios, 2 familias, compuestas por 8 y 9 personas mayores cada una. artes graficas El ciclo M – D – M se recorre en su totalidad tan pronto como la venta de una mercancía arroja dinero y éste es absorbido por la compra de otra mercancía. Si, a pesar de ello, el dinero afluye a su punto de partida, es porque todo ese proceso se renueva o repite. Si vendo un quarter de trigo por 3 libras esterlinas y con estas 3 libras esterlinas compro un traje, habré invertido definitivamente, en lo que a mí toca, esta cantidad. Esas 3 libras esterlinas ya no tienen nada que ver conmigo. Han pasado a manos del sastre. Si vendo un segundo quarter de trigo, volverá a refluir a mis manos dinero, pero no ya en virtud de la primera transacción, sino por obra de otra distinta. Y este dinero se alejará nuevamente de mi tan pronto como cierre la segunda transacción y vuelva a comprar. Por tanto, en la circulación M – D – M, la inversión del dinero no tiene absolutamente nada que ver con su reflujo. En cambio, en el ciclo D – M – D el reflujo del dinero está directamente condicionado por el carácter de su inversión. De no producirse este reflujo, la operación, fracasa o el proceso se interrumpe y queda truncado, por falta de su segunda fase, o sea de la venta que completa y corona la compra. bares de copas en girona Claro está que el método de exposición debe distinguirse formalmente del método de investigación. La investigación ha de tender a asimilarse en detalle la materia investigada, a analizar sus diversas normas de desarrollo y a descubrir sus nexos internos. Sólo después de coronada esta labor, puede el investigador proceder a exponer adecuadamente el movimiento real. Y si sabe hacerlo y consigue re­flejar idealmente en la exposición la vida de la materia, cabe siempre la posibilidad de que se tenga la impresión de estar ante una cons­trucción a priori(IX). restaurantes en girona Ahora bien, es evidente que el proceso de circulación D – M – D resultaría carente de todo sentido si se diese ese rodeo para cambiar valores iguales en dinero, v. gr. para cambiar 100 libras esterlinas por 100 libras esterlinas. Mucho más sencillo y seguro es el método del atesorador, que, en vez de lanzar al peligro circulatorio sus 100 libras esterlinas, las retiene y las guarda. Por otra parte aunque el comerciante venda por 110 libras esterlinas el algodón que ha com­prado por 100, o se vea obligado a venderlo por las mismas 100 libras esterlinas y aun por 50, lo cierto es que su dinero recorre un proceso característico y original, completamente distinto del que re­corre en la circulación simple de mercancías, v. gr. en manos del labriego que vende trigo para comprar con el dinero obtenido prendas de vestir. Por tanto, lo primero que tenemos que hacer es analizar las diferencias de forma que median entre los ciclos D – M – D y M – D –M. Con ello, se pondrán a la vez de manifiesto las diferencias materiales que se esconden detrás de esa distinción de ca­rácter formal. http://www.pisobcn.com 62 "Parece natural – declara un fabricante de acero que utiliza el trabajo nocturno de los niños – que los muchachos que trabajan por la noche no duerman de día. y jueguen y corran de un lado para otro." L. c. Fourth Rep. 63. p. XIII. Refiriéndose a la importancia de la luz del sol para la salud y desarrollo del cuerpo, dice un médico: "La luz influye también directamente sobre los tejidos, dándoles dureza y elasticidad. Los músculos de los animales, cuando no absorben la cantidad normal de luz, se vuelven esponjosos y poco elásticos. la fuerza nerviosa pierde su tensión por falta de estímulos, y todo lo que se está desarrollando se hace raquítico En los niños, es absolutamente necesario para la salud el contacto con la luz del día, en abundante cantidad. y con los rayos directos del sol, durante una parte del día. La luz ayuda a transformar las comidas en sangre sana y plástica, y endurece las fibras, una vez formadas. Actúa. además. como excitante sobre los órganos de la vista, provocando así una mayor actividad en distintas funciones cerebrales." Mr. W. Strange, médico mayor del "Hospital General" de Worcester, de cuya obra sobre "La Salud" (1864) tomamos el pasaje anterior. escribe, en una carta a uno de los comisarios investigadores, Mr. White: 'En Lancasbire, he tenido hace tiempo ocasión de observar los efectos que ejerce el trabajo nocturno sobre los niños empleados en las fábricas y, contra lo que suelen asegurar algunos patronos, declaro resueltamente que la salud de los niños salía rápidamente quebrantada." (L. c. 284, p. 55.) El hecho de que estos temas puedan suscitar una controversia seria demuestra mejor que nada cómo influye sobre las funciones cerebrales de los capitalistas y de tus retainers el régimen de producción del capitalismo.



Felicidades!

— Escrito por subisarto @ 14:58
Si puede leer esto, su bitácora está lista para empezar a escribir.

Powered by LifeType

Untitled Document